Zona de divagar en Encuentros de lecturas




En la nota que abre la recopilación de textos que Jordi Doce reúne en Zona de divagar, que aparece en la colección Cardinales de Vaso Roto, describe el autor este volumen como un librito de fragmentos azarosos y vagamente ensayísticos que se ha ido escribiendo casi sin darme cuenta. Confluencias, deltas, franjas pantanosas donde el pensamiento apenas hace pie o avanza con dificultad. Divagar, caminar sin rumbo, errar (en fin) en el doble sentido de rodar por el mundo y de equivocarse. Esa distracción, sobre todo.

Y hay mucho efectivamente de paseos y de deambulaciones en estas páginas en las que Doce traza con sus divagaciones el mapa y el territorio, como en la novela de Houellebecq que se analiza en uno de los capítulos.

El pensamiento, la personalidad y la obra nuclear de Canetti a través de sus memorias; una travesía urbana de Madrid en compañía de Emerson; el papel del juego y la fantasía en los relatos de Cortázar; las fuentes de energía que actúan como imanes urbanos en París, en Londres o en barrios sin historia; la lógica sonámbula de la poesía de Tranströmer o la luz sutil que proyecta la poesía de Milosz sobre un tiempo de sombras son algunos de los lugares que dibujan el trayecto de esta Zona de divagar.

Son los espacios por los que transita el flâneur en una reflexión constante sobre la escritura y sobre la poesía, sobre la proporción entre forma y contenido, entre literatura y vida, entre ética y estética, entre el escritor y la sociedad.

Una idea central, la de la literatura como forma de resistencia frente al mundo, recorre estas divagaciones en las que se conjugan la inteligencia y la sensibilidad de quien se ve a sí mismo en el capítulo final caminando sobre el bordillo mientras guarda el equilibrio.

Una imagen que resume la postura de Jordi Doce, crítico y poeta, ante la literatura y la realidad.


SANTOS DOMÍNGUEZ